El dorado

 

 

nuevo-4

“… Entonces vi las cosas que habían sido traídas de la Nueva Tierra del Oro para el Rey… maravillas de todas clases… objetos esplendorosos para el uso del hombre, más bellos que cualquier cuento de hadas. En todos los días de mi vida nunca había visto cosa alguna que llenara tanto de gozo mi corazón como estas cosas. Porque entre ellas vi tesoros de arte extraño, exquisitamente trabajados y me maravillé del genio sutil de estos hombres de tierras distantes. No tengo suficientes palabras para describir las cosas que vi ante mis ojos…”
Albrecht Dürer, 1520

“ Ir y buscar el dorado ….” Así lo canta Waldemar Matuška (un magnífico cantante checo, ya fallecido) en la canción del mismo nombre.Y justo eso era, lo que buscaban los conquistadores españoles en América. Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada, con un grupo de sus hombres, llegó a una meseta en los Andes que se parecía extraordinariamente a los alrededores de Granada en Andalucía, resolvió quedarse y fundar el “Nuevo reino de Granada”. Lo hizo el 6 de agosto de 1538 en un sitio donde se encontraba un pequeño pueblo indígena muisca o chibcha, llamado Bacatá. Uno de sus intereses era encontrar el oro, pues durante su travesía desde la costa , oyó muchas historias del “indio dorado”. Al fin y al cabo, esto era lo que buscaban todos los conquistadores. Encontrar el oro sobre el cual oyeron tanto y que vieron en los cuerpos de los indios como adorno.  Jimenéz pronto averiguó donde podría encontrar al hombre dorado.

Así fue, como llegó a la laguna de Guatavita , distante unos 65 km de Bogotá y en su cercanía supo sobre un rito curioso. Cada vez , que los indígenas necesitaban calmar a los dioses o en caso de que un nuevo cacique tomaba su cargo, se preparaba una gran ceremonia.Los indígenas alistaban una gran balsa, adornada con flores, mantas multicolores, antorchas y sobre todo con oro y esmeraldas.Varios días antes, el pueblo entero se preparaba para las fiestas que duraban varios días. Tanto las mujeres, como los hombres sacaban todos sus adornos de oro, los hombres, se ponían además vistosos adornos de plumas multicolores. En la orilla de la laguna, al son de las flautas, tambores y pitos, cantaban y vueltos de espaldas a la laguna esperaban la llegada del cacique con su séquito. A la luz de la Luna (que era una de sus deidades más importantes), traían al cacique al que previamente habían untado con aceites y  envuleto en polvo de oro.Tanto él, como  todos sus acompañantes guardaron un riguroso ayuno. Con el cacique entraron en la balsa otros cuatro de los principales del pueblo y remaron al centro de la laguna. Una vez ahí, saludaron a los dioses y bajo los rayos de la luna botaron al agua todos los obsequios. El cacique se sumergía en el agua y lavaba el oro que cubría su cuerpo. Realizado el baño ritual, el cacique regresaba a la balsa, se envolvía en una manta tejida y todo el pueblo podía volver la cara a la laguna y comenzar las fiestas.

Obviamente que Jiménez (y después de él, muchos otros) buscaron el tesoro.Pero jamás nadie pudo sacar nada de la laguna. Incluso, muchos años después trataron de desaguarla y tampoco lo lograron. Y así comenzó otra leyenda: la laguna no tiene fondo. Pero hoy, según las investigaciones de los geólogos se piensa que la laguna es: o un cráter de un volcán muerto o un gran hueco hecho por un meteorito hace millones de años.

A pesar de que los españoles sacaron mucho oro, que encontaron en otras partes fuera de la laguna, ya que en el territorio de lo que es hoy Colombia vivían muchas tribus que trabajaron el metal precioso (Calima, Sinú, Tairona, Zenú, Nariño, etc.), el Museo de Oro en Bogotá tiene en sus tesoros 35 000 piezas. Aunque no todas están en exibición, una de las piezas importantes, es precisamente “La balsa muisca”, que representa la ceremonia. Fue encontrada en Pasca, cerca de Bogotá.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *